MALVINAS 1833: La bandera arriada - David Omar Gallardo

MALVINAS 1833: La bandera arriada

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Según afirmaciones del historiador Fermín Chávez, para quien investiga, nunca resulta un “coto cerrado”, ni tiene “alambrados”, sino que debe ser: “un campo abierto, con sorpresas a cada paso”. Esta reflexión me infunde el ánimo y la predisposición suficiente para referirme a esta etapa lamentable de nuestra historia nacional, conocida superficialmente como “la toma de Malvinas” sufrida a manos de los ingleses hace 174 años.
Todo comenzó el 20 de diciembre de 1832, cuando dos fragatas inglesas, la Clío y la Tyne, al mando de su Capitán John Onslow, después de recorrer las Islas Malvinas, en inmediaciones de Puerto Egmont, amarran en puerto Soledad, asiento-sede de la Gobernación ejercida por nuestros compatriotas, el 2 de enero de 1833, intimando al Comandante de la Goleta argentina “Sarandí”, Teniente Coronel José María Pinedo, a evacuar las islas por orden de su Majestad Británica. El marino argentino no ofreció resistencia, pese a que su buque tenía 150 toneladas de desplazamiento, 100 tripulantes y 9 cañones a bordo, aptos para la defensa. Solo se limitó a recibir la bandera en devoción como trofeo de “derrota” y el 5 de enero abandonó ese puerto rumbo a Buenos Aires, donde llegó el 15 siendo sometido a juicio por un tribunal militar, que lo eximió de toda culpa por pertenecer a una familia federal.
La conducta cómplice del tribunal que lo juzgó, no impide suponer que se trataba de una falta muy grave que linda entre la cobardía y la traición, que debió ser castigada con la máxima severidad prevista en los reglamentos militares de la época.
No obstante, a la hora de evaluar los acontecimientos, la responsabilidad emergente debe ser compartida con el espectro político existente en la época en la Provincia de Buenos Aires, a cargo de su Gobernador Juan Ramón Balcarce, sorprendiendo que tanto él como sis colaboradores no se enteraran de los anuncios publicados por el diario de habla inglesa British Packet, según el cual las nombradas fragatas inglesas habían zarpado de Río de Janeiro a mediados de diciembre de 1832, con destino a Montevideo y de allí seguirían a las Islas Malvinas a “tomar posesión” de las mismas. Pudieron ocurrir dos cosas: o se le dio escasa importancia a la noticia, o bien, el recalentamiento de las relaciones entre los “cismáticos o lomos negros” que seguían a Balcarce y los “netos o apostólicos”, leales a Juan Manuel de Rosas, en franca efervescencia, ocuparon mayormente su atención, postergando otros asuntos. Seguramente que la real dimensión de este conflicto hubiera permitido disponer de medios adecuados para reforzar el objetivo de la “Sarandí”, tendiente a impedir de cualquier manera, una invasión con miras a un apoderamiento ilegítimo.
Aún no es tarde para expresar nuestra condena por los errores del pasado, que determinaron la expropiación arbitraria de los ingleses. Solo apelamos al juicio de Dios, para que algún día esa bandera argentina arriada por la fuerza, vuelva a elevarse altiva y desafiante al tope del mástil, ratificando la afirmación de nuestros legítimos derechos sobre las Islas Malvinas.

Dr. Julio R. Salvarredy

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