USHUAIA, Argentina.- I. El sistema financiero argentino comenzó a transitar un sendero sumamente delicado. Este es el sendero de la desregularización.
La desregularización -en criollo- es la quita de límites y de controles por parte del Estado a los ciudadanos y empresas.
Este tipo de decisiones políticas obedecen a una concepción del mundo y del hombre normalmente propugnado por la ideología liberal, asociada generalmente como "la derecha".
Pero en este punto se desconoce, casi como una casualidad, que este tipo de concepción comparte una imagen equivocada del hombre.
Se sientan en la misma mesa Karl Marx y David Ricardo, para beber de la errónea concepción acerca del hombre, predicada por Jean-Jaques Rosseau, de que el hombre es esencialmente bueno, y que la sociedad lo corrompe.Esta concepción del hombre tan errónea como inútil, sirvió como base fundamental de los dos sistemas que alguna vez se disputaron la hegemonía del mundo: el comunismo y el capitalismo.
Es porque dicha idea nació para combatir un dogma, la concepción cristiana del hombre -revestido de defectos y virtudes, desequilibrado por sus propias pasiones-.
Aquel siglo de las luces combatió arduamente aquellas enseñanzas que posicionaban al hombre como un ser que debía dominarse a sí mismo, prometiéndole una libertad a todo tipo de represión hacia sus pasiones. Y el resultado fue abrumador, dos guerras mundiales con millones de muertes, campos de concentración rusos y nazis. La supuesta religión de las luces mostró sus frutos.
En un sesgo de sinceridad, un ex-presidente de Francia, Giscard d' Estaing en su libro "Democracia Francesa", admitió como una falencia en común de ambas ideologías, que ninguna prevé el afán de poder y avaricia existente en lo profundo del corazón humano.
II. La quita de controles por parte del estado al sistema financiero y bancario son un peligro potencial, ya que con la quita de controles se facilitan los canales que pueden dar rienda suelta al afán de poder y avaricia latente en el corazón de todos los hombres y mujeres.
Las recientes medidas tomadas por el gobierno son principalmente dos: la primera es la quita del tope de garantías a los depósitos realizados en los bancos con tasas de interés superiores a las fijadas por el BCRA; y la segunda, la habilitación de que los bancos puedan deshacerse de sus préstamos en UVA mediante obligaciones no negociables, pudiendo vender incluso de forma indirecta créditos incobrables.
Estas nuevas reglas de juego van preparando el terreno para que se comiencen a armar castillos de naipes, cuyos "derivados" van a llenar de rentabilidad a los bancos y sociedades de capitales.
Durante este año las inversiones que darán mayor rentabilidad, junto con las energéticas, serán las acciones bancarias y también las obligaciones no negociables en UVAs, y dicha tendencia se va a profundizar en caso de que el oficialismo vuelva a repetir el mandato en 2019.
No habría problema si los riesgos fuesen sólo de los banqueros y financistas como serios hombres de negocios. El problema es que en caso de que salga mal, estos avesados hombres de negocios van a ir a llorar a lo que ellos mismos denominan "la teta del Estado" para pedir un salvataje, de la misma manera que ocurrió en Estados Unidos.
Esta semana me pareció muy humorístico escuchar la entrevista realizada a Lloyd Blankfein -CEO de Goldman Sachs- por parte del periodista David Rubenstein, donde el ejecutivo hablaba sobre la actitud tomada frente a la crisis, como si la hubiesen sorteado por su habilidad, cuando en realidad esas corporaciones siguen vivas porque el poder político yanqui les pagó la cuenta, saqueando el dinero de los bolsillos de los ciudadanos de aquel país. El resultado, generar una crisis que los llevaba a la quiebra los hizo más grandes y más fuertes gracias al dinero del estado.
III. Las medidas de desregulación, van a terminar perjudicando al ciudadano común, y al pequeño ahorrista, ya que en su afán de aumentar en algunos puntos su rentabilidad, va a terminar alimentando este castillo de naipes corporativo; si no se controla debidamente y a tiempo, está destinado a desmoronarse en algún momento, generando márgenes de rentabilidad billonarios a los mismos pocos de siempre.
[Como nota de color, después del corralito y la devaluación argentina, la UCR y el PJ sancionaron una ley protegiendo a los banqueros]

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