Los hermanos sean unidos - David Omar Gallardo

Los hermanos sean unidos

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Desde el año cero de la era cristiana ha existido un enfrentamiento frontal entre referentes del judaísmo y los cristianos.

Ello se inicia por la crucifixión de Cristo, el mesías judío enviado por Dios a los judíos.
Cristo fue crucificado por un sencillo hecho, él decía ser el hijo único de Dios, y también Dios encarnado ("yo y el padre uno somos" dijo expresamente), aseveración que precipitó a los líderes religiosos del pueblo judío aliarse con los políticos de turno, y organizar un juicio exprés para matar al presunto "blasfemo".
El resultado del plan es conocido por todos, Cristo fue colgado en la cruz.
La muerte de Cristo fue planeada por Dios mismo, porque Cristo vino a resolver un problema de toda la humanidad, y no sólo una situación temporal del pueblo israelita.
Es por ello que tanto la traición de Judas, las manos lavadas del imperio romano, y el dedo condenatorio de los líderes del judaísmo, fueron de alguna manera instrumentos para ejecutar el plan que Dios tenía previsto, y cuya línea de acción fue anticipada por el profeta judío llamado Isaías, setecientos años antes de la crucifixión.
La condena al infierno de todos los hombres y mujeres, grandes y pequeños, de todos los tiempos, incluso los que vendrán, fue pagada por Cristo con su propia vida, y como la vida está en la sangre, es que derramó toda su sangre. Cristo murió gritando "Dios mío, ¿porqué me has desamparado?", ya que él fue abandonado por Dios Padre, para que no lo sean quienes confían en él.
Luego de morir, Cristo resucitó, y volvió al Padre, dejando a quienes confían en él su Espíritu Santo, para que los haga nacer de nuevo, y con esa nueva naturaleza sean guiados en la vida.

En este nuevo tiempo, la persona que confía en Cristo, que confía en su obra que otorga el perdón, al nacer de nuevo es transformada en un verdadero judío, un judío con una circuncisión hecha en el corazón y no en el cuerpo como era antes.
Esta nueva condición nos transforma a los cristianos en hermanos con el pueblo judío.

Y este es el punto que quiero fijar.

En una oportunidad, Cristo relató una parábola que diferentes traductores denominaron "del hijo pródigo", y otros "del padre misericordioso".
Esta parábola hablaba que un hombre tenía dos hijos, uno decidió pedir la herencia anticipadamente, para irse de la casa y dilapidar su dinero en prostitutas, placeres, poder y estatus, y el otro hijo se quedó en la casa trabajando con esfuerzo en el campo del padre.
Hoy en día, estos dos hermanos simbolizan al cristiano, que está trabajando en las labores del padre, y al judío, que se encuentra perdido en las cosas de este mundo.
Lo interesante es que al final de la historia el hijo egoísta vuelve a la casa luego de perderlo todo, en la misma miseria se arrepintió, y eso es lo que está escrito que suceda al final de los tiempos.
Cuando este hijo pródigo volvió, el hijo responsable se quejó de que el padre haga una fiesta para recibirlo.
Y en este sentido, el hijo responsable falló pecando en su corazón casi tanto como el hijo pródigo, al dejar que el resentimiento y la falta de misericordia lo priven de disfrutar de lo que ya tenía estando con el Padre, y mucho más grave aún, se creyó con una justicia superior a la de su padre al juzgar con dureza a un hermano que el Padre ya tenía determinado perdonar y amar en su corazón cuando volviera.

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