La compra de la república - Giovani Papini - David Omar Gallardo

La compra de la república - Giovani Papini

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"Este mes he comprado una República. Capricho costoso y que no tendrá imitadores. Era un deseo que tenía desde hace mucho tiempo y he querido librarme de él. Me imaginaba que el ser dueño de un país daba mas gusto.-
La ocasión era buena y el asunto quedó arreglado en pocos días. El presidente tenía el agua hasta el cuello: su ministerio, compuesto de clientes suyos, era un peligro. Las cajas de la República estaban vacías; crear nuevos impuestos hubiera sido la señal del derrumbamiento de todo el clan que se hallaba en el poder, tal vez de una revolución. Había ya un general que armaba bandas de irregulares y prometía cargos y empleos al primero que llegaba.-
Un agente americano que se hallaba en el lugar me avisó. El ministro de Hacienda corrió a Nueva York: en cuatro días nos pusimos de acuerdo. Anticipé algunos millones de dolares a la República, y además asigné al presidente, a todos los ministros y a sus secretarioa unos emolumentos dobles de aquellos que recibían del Estado. Me hán dado en garantía -sin que el pueblo lo sepa- las aduanas y los monopólios. Además, el presidente y los ministros han firmado un convenio secreto que me concede practicamente el control sobre la vida de la República. Aunque yo parezca, cuando voy allí, un simple huésped de paso, soy, en realidad, el dueño casi absoluto del país. En estos días he tenido que dar una subvención, bastante crecida, para la renovación del material del Ejército, y me he asegurado, en cambio, nuevos privilegios.-
El espectáculo, para mí, es bastante divertido. Las Cámaras continúan legislando, en apariencia libremente, los ciudadanos continúan imaginandose que la República es autónoma e independiente y que de su voluntad depende el curso de las cosas. No saben que todo cuanto se imaginan poseer -vida, bienes, derechos civiles- depende en última instancia de un extranjero desconocido para ellos, es decir, de mí.-
Mañana puedo ordenar la clausura del Parlamento, una reforma de la Constitución, el aumento de las tarífas de aduanas, la expulsión de los inmigrados. Podría, si me pluguiese, revelar los acuerdos secretos de la camarilla ahora dominante y derribar así al gobierno, desde el Presidente hasta el último secretario. Y no me sería imposible obligar al país que tengo bajo mi mano a declarar la guerra a una de las Repúblicas colindantes.
Esta potencia oculta e ilimitada me ha hecho pasar unas horas agradables. Sufrir todos los fastidios y la servidumbre de la comedia política es una fatiga bestial; pero ser el titiritero que detrás del telón puede solazarse tirando de los hilos de los fantoches obedientes a su movimiento, es una voluptuosidad única, Mi desprecio de los hombres encuentra un sabroso alimento y mil confirmaciones.-
Yo no soy más que el rey incógnito de una pequeña República en desorden, pero la facilidad con que he conseguido dominarla y el evidente interés de todos los iniciados en conservar el secreto, me hace pensar que otras naciones, y tal vez más vastas e importantes que mi República viven sin darse cuenta, bajo una dependencia análoga de soberanos extranjeros. Siendo necesario más dinero para su adquisición, se tratará, en vez de un solo dueño, como en mi caso, de un trust, de un sindicato de negocios, de un grupo restrigido de capitalistas o de banqueros.-
Pero tengo fundadas sospechas de que otros países son gobernados por pequeños comités de reyes invisibles, conocidos solamente por sus hombres de confianza, que continúan recitando con naturalidad el papel de jefes legítimos".

GIOVANNI PAPINI  -  "GOG"

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