“Sarmiento, el estadista”. Acerca de la nota del 19/06/11 en el diario Perfil - David Omar Gallardo

“Sarmiento, el estadista”. Acerca de la nota del 19/06/11 en el diario Perfil

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Existe un sistema no liberal que garantiza mucho más el desarrollo sustentable que no es el socialismo ni comunismo.
Existe un sistema que trasciende los paradigmas obsoletos, incluido el sistema capitalista liberal.
Aclaro “liberal capitalista” porque el capitalismo como sistema implica solamente la sociedad de iguales entre alguien que aporta maquinas o dinero y otro su trabajo; pero liberal es la expresión que trae desigualdad, ya que el concepto de libertad e igualdad implícitos conlleva a la explotación de una parte por la otra.
Es ineficaz la postura que como un toro irracional golpea con todo lo que se asemeje a “sistema”, y lucha por la libertad vulnerándola, es decir, esa lucha ciega, nublada por conceptos poco claros de cómo funciona el sistema y dónde se encuentran sus focos.
Sarmiento partió de conceptos equivocados. El primero: educar para generar mercados. Es cierto que la educación es imprescindible para la grandeza de una nación, pero el hecho de buscar generar mercados debe ser previamente encauzado.
El sistema económico actual identifica a un mercado sano como un mercado donde constantemente se compra y se vende. Es cierto parcialmente.
Vamos al contexto histórico. Sarmiento se enconó por borrar al gaucho, primero catalogándolos de vagos, posteriormente alambrando campos para excluirlo de sus economías autosustentables y finalmente bastardeándolo como renegado o vagabundo.
El gaucho era el principal problema para Sarmiento, ya que no generaba ni compra, ni venta. No necesitaba comprar ni vender para sobrevivir, vivía de sus animales y su siembra personal. Un vago peligroso para el sistema de mercado, toma razón la expresión de Sarmiento al decir “la sangre del gaucho solo sirve para regar la tierra”.
Fue colosal la tarea de la implantación de escuelas y el sistema educativo, generando una infraestructura gigante que nos puso al mejor nivel educativo del mundo, punta en Latinoamérica. Si, fue un estadista, pero con algunos conceptos de fondo equivocados.
Las redes de trenes fueron fundamentales, toda la extensión de redes que se construyeron se realizaron con la convocación de inversiones inglesas, Sarmiento era un buen hombre de negocios, en sentido positivo lo digo, ya que así como Chávez vende su petróleo de manera directa o indirecta al “imperio” referido por él, Sarmiento trataba de compensar, cuidando los intereses nacionales a su manera, la falta de población y capital atrayendo inversiones extranjeras. Esa red de trenes fue la que posteriormente nacionalizó el General Perón, haciendo de nuestra red de trenes un orgullo nacional.
No estoy reivindicando la figura de Sarmiento, sino tratando de poner alguna clase de perspectiva medianamente objetiva.
Desde el arte de gobernar es necesario saber utilizar las herramientas disponibles en el sistema, no es posible hacerlo alienándose del mundo, ya que es necesario mantener un nivel de relaciones para ejercer influencia a las naciones del mundo.
Pero no hay política exterior sin una fuerza (bélica) detrás que lo sustente.
No existe un cambio revolucionario posible desde el gobierno, un cambio revolucionario (en referencia a un cambio de paradigma) comienza en la cultura, en el sistema de valores y posteriormente se expresa en las calles. Aquí la izquierda se atribuyó una representatividad popular que no tuvo, ya que no ser capitalista o liberal no implica necesariamente ser por contraste socialista o comunista. Mao Tse Tung dijo que la guerrilla debía moverse en el pueblo como un pez en el agua, lo que pasó en nuestra historia fue que se convirtió en un movimiento temido antes que apoyado, y así se procedieron la los excesos de recurrir a técnicas bélicas para ahogar a un movimiento que se financiaba con secuestros, y se armaba con robos a polvorines militares.
Así como en Chile se pensó e impulsaron los golpes de estado, en Argentina la historia no fue diferente, aprovechando ese momento histórico el entonces secretario de estado de Estados Unidos (que hoy sale entrevistado cada tanto desde la bolsa de WallStreet), me refiero a H. Kissinger, organizó y financió el golpe y quiebre al espíritu argentino de lucha. Ahora generalizo al “espíritu argentino de lucha” porque de los 30.000 desaparecidos sólo un 25% (siendo generoso) participaba de la lucha armada que algunos nombrados imberbes como toros irracionales y sin objetivos precisos apoyaban. Me remito a lo que M. Caparrós expresa cuando hablaba de que no luchaban por la democracia, sino por un estado comunista, es decir, por un totalitarismo económico en Argentina, que no sabían cómo ni de qué manera concretar.
Después de alto paréntesis vuelvo. La reforma tiene que partir de bases filosóficas correctas, y a esto llamo la atención a los cristianos. No es posible ser cristiano y abrazar como certera una ideología que parte de una lectura histórica y de la realidad que ignora lo espiritual negándolo. No es posible llevar adelante una reforma certera si lo único que se debaten son ideas, pero hay ignorancia de los recursos naturales, sociales y económicos con que contamos para realizarlos. De cuánto cuesta organizar una industria nacional, de cuáles son los objetivos de la misma. Quienes se quedan en debates infructuosos lo único que tendrán será la triste experiencia que una vez me confesó un actual diputado nacional en un café: “cuando era joven, un poco más grande que vos, armamos en quilmes una fuerza socialista. Nos organizamos muy bien, debatíamos y teníamos en claro qué hacer. Cuando llegamos a ser concejales nos encontramos como equipo con un total desconocimiento de las cuestiones cotidianas, y nos vimos desbordados por cuestiones como baches en las calles, falta de insumos en la salita… cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos terminando nuestro mandato”.
Al final digo. Sarmiento supo conjugar muy bien las cuestiones operativas con su postura ideológica (que no comparto), mientras que en la historia otros no tuvieron la paciencia de concretarlo progresivamente, teniendo frutos y resultados a largo plazo, ello lo convierte en un estadista.

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