La sociedad posmoderna en la que vivimos, donde el hombre es el centro del universo, tiene como principal leitmotiv rechazar todo aquello que tienda a ordenar la conducta de los hombres y mujeres. Es que el hombre posmoderno rechaza seguir cualquier tipo de lineamiento que no obedezca a su propio deseo, pone en alto aquella bandera levantada por la serpiente del Edén, diciendo “yo soy mi propio dios”.
Y en esa línea proliferan las distintas religiones de moda, incluso religiones “ateas” como el budismo, donde no se confronta al hombre con sus propios deseos, ni los cuestiona, ni tampoco los aniquila.
Es que también está de moda descartar todo lo que signifique “reprimir” cualquier deseo, fantasía o proyecto, sin importar si ello lastima, perjudica o rompe una familia, una promesa o una vida; lejos se encuentra considerar si aquella decisión agrada o desagrada a Dios.
Y así llegamos a los días de Noé, donde la violencia de la tierra había aumentado a niveles donde la inseguridad social, afectiva, y relacional era tan alta que los hombres eran literalmente lobos del hombre. Dios determinó aniquilar aquella sociedad enferma de muerte, que decidía con maldad fingida de bondad cotidianamente, sin respetar sus mandatos, ni de hombre alguno, sin importarle su prójimo, y envió un diluvio, siendo Noé y su familia los sobrevivientes.
Como cada hombre es su propio dios, cada uno tiene su verdad, siendo por tanto ésta relativa. Está de moda la frase “cada uno tiene su verdad”, pero esta aseveración significa la autodestrucción de la sociedad moderna. Porque entonces si un hombre mata a otro para robarle, considerando su homicidio un acto de justicia en pos de la redistribución del ingreso, no sería una conducta disvaliosa, está bien. O si un hombre explota de otro su fuerza de trabajo, pagándole poco, y poniendo en riesgo su salud, pensando que ese trabajador elige seguir en ese trabajo en su libertad de contratar, tampoco sería una conducta disvaliosa. Vemos que ese cuento de que cada uno tiene su verdad es una farsa, cada uno tiene una postura, lejos de tratarse de una verdad.
Los valores que cuestionan los lobbys
Con una postura casi tan irracional como querer incendiar una casa para matar una cucaracha, los pibes hablan de “lo que impone la iglesia”, como si se tratase de un juego de poder entre la libertad y el medioevo.
Para empezar, la iglesia de Cristo o congregación, está conformada por el conjunto de creyentes que estamos esperando el arrebatamiento (la ascensión de los cristianos), y la segunda venida de Jesucristo para restaurar un gobierno global.
La iglesia real es lo que algunos teólogos denominan el cuerpo místico de Cristo, y que excede al alcance de las distintas congregaciones, denominaciones e iglesias institucionales. Excede al mismo Francisco.
La función de la verdadera iglesia poco tiene que ver con gobernar esta sociedad en este tiempo. Su función en este tiempo es detener la maldad que avanza, dar testimonio del pecado, de la justicia y el perdón de Dios. Quien se va a encargar de romper a estos gobiernos y grupos económicos como a vasija de barro, es el mismo Cristo cuando vuelva.
Es por eso que la separación de la iglesia y el estado no representa ninguna amenaza real para la iglesia cristiana.
Los valores retrógrados
Ahora bien, ¿cuáles son los valores que enseña el cristianismo? Éstos se pueden distinguir claramente en dos porciones de la biblia: los DIEZ Mandamientos dados a Moisés, y el Sermón del Monte proclamado por Cristo mismo.
¿Qué tiene de retrógrado el mandato de NO MATARÁS? Si todo el tiempo estamos reclamando que hay mujeres asesinadas por sus parejas, o nuestros hermanos y amigos muertos por discusiones inútiles.
¿Qué tiene de retrógrado el mandato de NO ROBARÁS? Si ello significa respetar lo que es del otro, y por tanto construir de esa manera una comunidad segura.
¿Qué tiene de retrógrado el mandato de NO ADULTERARÁS? Si el principal factor de los divorcios es la infidelidad, y generalmente cada vez que hay una familia rota, hay hijos que se usan como botín de guerra, con heridas que acarrean casi toda la vida.
¿Qué tiene de retrógrado el mandato de NO CODICIARÁS? Si ello representa el inicio de la discordia, querer lo que tiene el otro, y de esa manera procurar obtenerlo, desatando luego una decisión maligna como un robo, un adulterio, un asesinato.
¿Qué tiene de retrógrado que Dios pida que se lo ame con todo el corazón, y no tener ídolos? Si ello fuera de esa forma no tendríamos hinchas de algo tan trivial como un equipo de fútbol (ídolo) moliendo a golpes a otro de un equipo distinto. Algunos que tienen como ídolo su propia religión, y antes que amar a Dios, prefieren matar al otro acusándolo de infiel.
Cristo subió la vara de los Diez mandamientos
En el Sermón del Monte, Cristo puso el foco en una cuestión que ninguna ideología, tratamiento psicológico, acuerdo social o religión puede arreglar. Sólo Cristo puede.
Esa cuestión es el problema del corazón del hombre.
“El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”, “El que se enfurezca contra su hermano quedará expuesto al juicio, y cualquiera que insulte a su hermano será juzgado por la Junta Suprema, y el que injurie gravemente se hará merecedor del fuego del infierno”.
Con estas dos simples citas, Cristo puso el foco en algo irreparable para el hombre por sí mismo, y es el corazón mismo del hombre, “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos , las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre”.
Palabras finales
La biblia es un libro en el cual conviven dos religiones enfrentadas, el antiguo y el nuevo testamento. Los judíos en el antiguo testamento tienen profecías que setecientos años antes anticiparon con claridad la primera llegada de Cristo, el Mesías. Cuando Cristo llegó, los judíos no lo aceptaron, amaban más a su nación y su religión antes que la verdad.
Por ello, en los tiempos actuales, el mundo para el cristiano se divide en dos, los que siguen a Cristo y los que no. Cristo dijo “yo soy la verdad”, y por ello demandaba dejarlo todo a quien lo siguiera, dejar sus concepciones antiguas, sus decisiones fuera del camino marcado, y rendir todo aquello que haya que rendir, aunque duela.
Es la decisión de decidir aceptar y rendirse a todo lo que postulan como bueno parte de la sociedad, o decidir aceptar y rendirse a lo que enseñó Cristo.

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