![]() |
| Foto: télam. |
El culpable cometió el delito en un contexto de crisis económica, en medio del cual comenzó la separación y posterior divorcio con su mujer.
Fruto de este matrimonio tuvieron tres hijos, a quienes luego de la condena, el condenado les pidió perdón, y escribió mediante una carta:
"No puedo explicar y justificar lo que sucedió. El desenlace fue imprevisible. Me duele saber lo que pasaron. Ya nada será como antes. Daría mi vida para ser yo el que no esté y que ustedes estén con su madre. Me duele seguir viviendo, pero si yo no estoy sería peor para ustedes...
agregando al final:
Ustedes tienen una vida por delante, sigan su sueños y hagan los que le diga el corazón. Los quiero. Pa".
Es impresionante leer estas últimas palabras.
Aconseja a sus hijos seguir los mismos principios que lo llevaron a cometer el femicidio.
Aconseja a hacer lo que les diga el corazón.
Franca contradicción con la concepción cristiana del corazón:
Engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso... (Jeremías 17.9)
Farré sintió bronca, desprecio, su corazón sintió un odio indescriptible por alguien a quien alguna vez también amo, y con quien formó una familia. Pero por circunstancias de la vida, y situaciones que sólo ellos conocieron, el corazón de ambos comenzó a sentir otra cosa, deviniendo en una separación.
Y este es el punto de quiebre, la verdad que asoma frente a la experiencia, que se hace evidente y se torna incómoda, que el corazón humano se equivoca, es inconstante, y también perverso.
Es por eso que el camino de Farré estuvo marcado por el sencillo hecho de seguir su corazón, y complacerlo sin cuestionarlo, ni ponerle límites y dominarlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario